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jueves, 12 de julio de 2012



RESPUESTA DE DOS BLOGUEROS A LA COLUMNA DE AZCARATE







Las 7 ventajas de la idiotez. Homenaje a la columna de Alejandra Azcárate 


Me gustan las mentes agudas, ágiles y despiertas. No me identifican mi genética, ni mi metabolismo sino una formación rica en referentes y diversidad de puntos de vista, que me permiten encontrar belleza tanto en la desproporción como en la simetría. Pero así mismo, hoy decidí alejarme de mi excluyente perspectiva que privilegia la amplitud de miras para estrechar mi mente y analizar las ventajas de ser ignorante. Una mujer que nace bruta o que decide ser ignorante ha de tener ciertos puntos a su favor que deben ser resaltados y no señalados por las sabihondas como yo.


1. No piensan a la hora de hablar o escribir. Esa es una invaluable sensación de libertad. No se mortifican por los comentarios adecuados para opinar, ni mucho menos se estresan por la escogencia de los mismos. Un artículo irresponsable sobre la gordura en una revista de cobertura nacional no es una posibilidad absurda, al contrario, puede ser una realidad semanal.

2. Cuando hablan en la W, se sienten halagadas al ser reducidas a las tallas de su ropa, sin reparar en la violencia simbólica ejercida sobre las mujeres por Julito y su mesa de trabajo. Se pasan horas midiéndose opciones de prendas porque “hay que arreglarse” para no encarar su precariedad como seres humanos. Sus compras son eternas. ¿Qué me queda por hacer? Eso soy y dura poco.


3. Se sienten como unas genios ya que ellas sí conocen de cerca la caballerosidad sorda que asiente a sus mentes insulsas, con la garantía de que guarden silencio cuando de tomar decisiones se trate. Los hombres les ceden el puesto porque asumen que es poco precio por pasarles por encima, las miran con ternura cuando dicen alguna estupidez, les sonríen, las saludan con palmada en la cola, les corren la silla porque las saben inútiles, les abren la puerta del carro para hacerles creer que sí cuentan y las morbosean porque saben que eso satisface su vanidad, que no conoce la genuina admiración.

4. Disfrutan a plenitud la aprobación masculina. Las analfabetas funcionales como Azcárate no generan desconfianza en los círculos de poder, por eso pueden darles un micrófono y hacerles creer que son chistosas, lúcidas y generadoras de opinión, porque sus jefes saben que están mentalmente incapacitadas para ejercer la crítica. Así que además de tener grandes amigos en posiciones de poder producen una confianza que solo es recompensada con una fachada de respeto, que sólo a ellas las convence. No sufren el dolor de la traición ni prueban el veneno del engaño, porque viven en el paraíso indiferenciado de la inopia intelectual.

5. En el sexo se desenvuelven con facilidad. Al no sentirse dueñas de su propia sexualidad y conformarse con satisfacer a otros, se sienten seguras de ellas mismas porque su fin último no es otro que convertirse en grandes amantes. Siempre se entregan como si fuera la primera vez, porque le han dado al hombre el poder de demandarles que así lo hagan. No tienen límites en su ignorancia, no les preocupa si su cuerpo está al borde de un colapso por inanición, siempre que tengan la certeza de que su fortaleza es generar placer. Son capaces de llegar hasta el punto de hacerle olvidar a su pareja la sensación de estar compartiendo su vida con una muñeca de plástico.


6. La playa o el plan de piscina no las cohíbe. Uno las ve pavoneando sus cirugías y sus largas faenas en el gimnasio. Cacarean al lado de la piscina, desparramando sus ridículas opiniones sin tapujos y sin miedo a la crítica, para la desgracia de quienes tratamos de disfrutar alguna lectura a la sombra. Pasan horas en la máquina bronceadora sin preocuparse por las horas de inactividad mental. Con la bronceada se evidencia su ignorancia sobre los riesgos del calentamiento global, quedan parejamente anaranjadas como si sufrieran de ictericia y no les importa, porque, como la Azcárate, están ahora mismo preguntándose si esa palabra designa una nueva modalidad de bronceado. Dicen cada imbecilidad en la radio, en la televisión y hasta las publican en Internet, frescas.


7. Viven pendientes de los tratamientos, trucos o sistemas para alcanzar la figura ideal, son conscientes de sus limitadas posibilidades y las asumen, se aceptan ignorantes y subordinadas, evitando toda suerte de desafíos mentales. Así creen amarse y están convencidas de ser amadas.

Si resumimos, la ignorancia profunda genera libertad. Algo que pocos seres como Alejandra Azcárate logran conocer a lo largo de su vida. Es cierto que por momentos debe producir insatisfacción y una lucha por modificar lo existente. Qué mejor ejemplo de ello que el dramático suicidio de su gran amiga Lina Marulanda, la “pesadilla” que Alejandra Azcárate “no termina de entender” pero que no le impide reproducir en sus estúpidos enunciados la misma ideología patriarcal que llevó a su gran amiga a suicidarse. “Y así suene cruel, es la cruda verdad.” Con la nula autorreflexión que caracteriza a las mujeres orgullosamente brutas, Azcárate se aleja con facilidad de las presiones y convierte su figura en su mayor factor de seguridad.


Con todo y eso, no nos digamos mentiras, es difícil ser una mujer inteligente en Colombia. Así que no se engañen más. Dejen de pensar que Alejandra Azcárate es chistosa. Por el contrario, Azcárate es una bully y sus comentarios sólo son graciosos en el lamentable contexto de segregación en que vivimos los colombianos; en el que los chistes racistas, clasistas y sexistas no reciben la censura social que deberían. La discriminación es un crimen ¡Asúmanlo! Ojo no con la gordura sino con la exclusión normalizada y sobre todo no olviden que las mujeres que ven el mundo como Alejandra Azcárate generan lástima y no admiración. Sin mencionar que la imbecilidad sólo resulta linda cuando se es bebé.


Por Kika y Chili
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