Deseo, ciertamente, que fuese posible que hombres capaces y con autor procedentes de las diferentes iglesias se encontrasen en alguna parte y, tras una amplia discusión de los diferentes artículos de la fe, se obtuviera, mediante una decisión unánime, llegar a un acuerdo y legar a la posteridad una determinada regla de doctrina...
Por lo que a mí respecta, si puedo ser útil de alguna forma, no opondría el menor obstáculo al hecho de atravesar diez mares para lograr tal propósito. Si sólo
afecta a Inglaterra, también es motivo suficiente para mí. Mucho más, en consecuencia, soy de la opinión de que no debo regatear ningún esfuerzo o molestia, en vista de que el objetivo que se persigue es un acuerdo entre expertos y doctos en la materia, para redactarlo con el peso de su autoridad y conforme a la Escritura, con objeto de unificar las iglesias que se hallan separadas.
(Respuesta de Juan Calvino a una invitación del arzobispo Cranme para redactar un credo común para las iglesias
reformadas)
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